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Entre pañales, cambios de horarios y amistades

Foto del escritor: YogaconPecas
YogaconPecas
19 jun 2025
3 min de lectura

Un viaje real de maternidad, transformación y reencuentro personal.



Convertirme en mamá cambió todo. Mi rutina, mis horarios, mis prioridades, mi cuerpo… incluso mis amistades. No fue de un día para otro, pero un día me di cuenta: ya no soy la misma. Y por un tiempo, tampoco sabía muy bien quién era ahora.


La maternidad llegó como una tormenta amorosa. Caótica, sí, pero llena de sentido. Me trajo un amor que no sabía que existía, pero también me arrastró por momentos de soledad, cansancio extremo, dudas y silencios. Mi agenda, antes organizada y con espacios propios, se volvió impredecible. Dormir bien se transformó en un lujo. Comer caliente, en una hazaña.


Mis amistades también cambiaron. Algunas personas se alejaron, quizás porque ya no compartíamos los mismos tiempos, o simplemente porque la vida nos llevó por distintos caminos. Al principio dolió. Me preguntaba si estaba haciendo algo mal, si era yo la que ya no sabía mantener una conversación adulta sin mencionar pañales, cólicos o lactancia. Sí que dolió pero las agradezco mucho, fueron amistades fantásticas para esa Milenka y guardo hermosos recuerditos.


Pero en medio de ese caos, también descubrí otras conexiones. Encontré nuevas amigas en salas de espera, en mis caminatas diarias por la plaza, en conversaciones fugaces pero profundas con desconocidas que sabían exactamente lo que estaba sintiendo. Me di cuenta de que no estaba sola. Descubrí a un grupo de amigas que se transformaron en mi sostén, que nos reimos de nuestras tragedías diarias, que discutimos existencialismos como cuando lograremos salir solas otra vez y una que otra vez si queremos otro hijo/a y volver a poner nuestro cuerpo completo a disposición de esa nueva creación y transformación.


Se transformaron poco a poco en mi familia, son esas amigas que uno ve a diario por la cotidianidad de los niños en la plaza, en el jardín, en el sector. Mi Luka hoy reconoce a estas amigas como tías mucho más que a su propia familia o amigos míos de la vida, y no es que sea mejor o peor. Es simplemente por la cantidad de tiempo que compartimos, son resfriados, cansancios, pena; son fiebres, risas y tiempo en pausa, es hacer hoyitos en la tierra, buscar a la luna y seguir palomas las cosas que nos unen. Quizás son las cosas que nos unieron en un principio, hoy nos unen cumpleaños, celebraciones, duelos y noticias importantes para cada una. Son mi pequeño salvavidas cuando siento que voy batallando sola y poco comprendida, cuando en verdad al lado está ella sintiendo lo mismo y nos miramos, nos regalamos café, nos abrazamos y seguimos.


También hay otras amistades que han intentado seguir mi ritmo, mis nuevas rutinas y han cambiado algunos panoramas por mi, ya no salen de noche sino de día para acompañarme, ya no carreteamos tan fuerte, a veces es entre silencios porque Luka duerme, que me devuelven un poco a mí, que me recuerdan que soy más que solo está mamá intentándolo. Me dan vida también, recordando que puedo seguir riendome de tonteras, me permiten escucharlos y sentir que aunque vivimos realidades tan diferente todos nos esforzamos por seguir abrazándonos. Son la familia que elegí y en la que quiero que Luka crezca también.


Lo más difícil fue (y sigue siendo) encontrarme a mí misma en este nuevo rol. No dejarme para el final de la lista. Porque sí, soy mamá, pero también sigo siendo mujer, amiga, soñadora, profesional. A veces me pierdo entre las tareas, pero también he aprendido a buscarme en los espacios pequeños: en una taza de café caliente a solas, en una caminata de 20 minutos escuchando mi música, en una ducha caliente, en un almuerzo pausado, en una práctica de yoga, en escribir estas líneas mientras mi Luki duerme.


Volver a mí ha sido un proceso. A veces lento, a veces confuso, pero siempre necesario. Porque cuando me cuido, me escucho y me reconozco, y así también puedo cuidar mejor.


Si estás en ese mismo lugar —entre el amor inmenso y el cansancio infinito— quiero decirte algo: es normal. No estás sola o quizás si, pero tiene su sazón también vivirlo así. Y no tienes que elegir entre ser mamá y ser tú. Puedes ser ambas. Solo recuerda buscarte entre el ruido. Siempre estás ahí.

Y al final, siempre estoy yo otra vez, al otro lado del espejo.
Y al final, siempre estoy yo otra vez, al otro lado del espejo.


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© 2019 para Milenka Vrsalovic.

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